domingo, 29 de marzo de 2009

CIudad de nadie o texto que no pasará a mayores.

Insististe, no querías lo que yo, insististe en que te llamara y yo accedí sin gusto, con sarna, ya que para mí no existes, eres la ciudad en la sombra, en la cañería, la ciudad que no es, con tu gente que tampoco llega, y tus árboles y tus flores y tus perros y tus gatos, nada es, sólo el humo, el que transpiras, sudas cada vez que se te viene en gana y parece que todos los días te diera la gana, de tomar cada cosa que podría ser bella y llevarla a lo que tú; a ciudad, humo y mitos que nunca han sido.

Como tú insistes en que eres y, Oh sorpresa, en que además eres libre, cedí con la intención de evitar discusiones sin sentido, sin alma, en llamarte La ciudad de nadie, cuando no sé si acaso comprenderás que no eres de nadie porque simplemente no eres.

A veces me pregunto si serás únicamente tú o todas las de tu clase, meretrices del humo, cobijadas con las luces y la falta de deseo, las luces del sin deseo.

Eres una algarabía sin ideas, sin ideales, careces incluso de fundamento para tu desorden; acompañas de calamidad a tus auto nombradas "Legítimas instituciones", donde tus adalides putitas cobran su salario mensual, sus cuotas de participación, sus pedacitos de ti, burlando la razón por su patriota labor de nada.


Hueles a cianuro.


Tu fuerza pública, cataclisma de la sinagoga caminando de negro, como ocultando algo, hace mucho tiempo que dejó de representar nada bueno, pasable, justificable.

Reclutas a tus jóvenes, nacientes contaminados, a la fuerza de tus cuarteles y el demonio de tus balas, haciendo que caminar por tus calles sea un peligro para la conciencia al tiempo del miserable tributo Morir por la patria.

No tienes fuerza porque ni siquiera eres capaz de convencer sin recurrir a la violencia.

Ves pasar la vida, Reclutas la muerte.

Esa, tu falta de fuerza, no ha sido además nunca pública, porque si de defender intereses generales se tratare todos se habrían ya fusilado, cada uno consigo mismo si acaso así lo encontrasen más atractivo, en su primera y última gran contribución a la social convivencia, dejando ver, si no caigo en equívocos engañosos y tal fuere posible, algún atisbo de razón allá donde parece no quedan más que cascos y birretes verdes.

Hueles a humo, tu sudor y tu aliento es el humo, eso lo sabes, no necesitas que nadie te lo diga.

Peor que todo ello, Oh Medellín, es que por algunos días huelas, sepas, transpires, más allá del corriente de tu siempre rutina, a banquero, a especuladores manchados de faltas, caprichosas mayores del mismo burdel.


Te paso que seas católica hasta para tomar el metro, hasta para tomar un tinto, que a cada hora tengas ese olor maluco que persigue y que en tus calles la Razón parezca cosa de otro espacio, ya que no de otro tiempo ni de otro sitio, te paso ese hecho maligno del destino que te dio como cuna a tal malhechor de tablas sin nombre, de vida sin gustos, de páginas sin colores y democracia sin democracia, sin divergencia, sin opinión.

Pero que te alegres, te "pintoretees" ocultando tus mundos y aquellos a los que no quisiste darles un techo, porque un grupillo de sujetos (Hombres - Mujeres¿?) con corbata y elaboradas recomendaciones económicas de avanzada, que te dicen servirán para "paliar" los efectos de la "crisis" que no tuvieron en bien denunciar, y aunque no hubiera la tal crisis manifiesta del sistema para con sí mismo, que estos ilustres sustentan sobre los brazos de otros, sobre el corazón de nadie.

...que te arrodilles, con tus ojos grandes y hambrientos, como asustadizos, diciendo - Ayúdenme - , ustedes que parece no tuvieran ni idea o no les importara o lo que sea, - Ayúdenme que soy bella, que en mis calles no hay gentes sin calles ni sin techo, miren que soy una "Buena plataforma comercial" y los que aquí habitan gozan de tal manera que ni opinar sobre su situación quisieran o si tal vez podrían. -

Agachas tus ojos y con voz trémula pides "recomendaciones", ya que no tienes gentes ni llamaradas, si acaso clases sociales o drogadictos de las páginas.

En un instante de nutrida devoción casi que podría perdonarte que las luces que de ti emanan hagan que un telescopio sea tan útil en la noche como uno de tus rancios y profesionales políticos para dibujar un futuro, uno medianamente deseable, amable; pero esa capacidad nefasta para imponer unos cuantos tributos de palabras sobre la maltrecha realidad, y ser suma burlesca, taimada y de rodillas dispuestas, capricho que todos quieren tener y no son todos Tus gentes, no señor, sino los ladronzuelos de traje, eso, eso no te lo perdono, tu y Tú Medellín.




Mil palabras dirías y la realidad sería la misma, porque aún no crees, como conjunto, que creer sea necesario.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Lugares sin lugares.

Caminando con la tarde por los pasos que vigilan, no entrando en la noche ni despuntando la mañana, simplemente la tarde.

Será que ello importa a alguien, no lo creo; simplemente es un hecho que se va sucediendo día tras día hasta que termina, de tantas formas termina como de tantas se mantiene.

El césped se vuelve verde cada vez que su cuerpo recibe - ¿grato? - el sol en desvendada y diluvio tras diluvio de cercanía, torrencial la lluvia, jovial la luz., dicen, dicen que de verdad se vuelve verde y que así el jardinero y la niña que camina buscando amor en el olor de las frutas atinan a decir que está bien, que está vivo, creen también - ¿creen? - que quizás no distinga su felicidad porque los constantes no se dilucidan, distinguen, simplemente son.

Es extraño pensar, más aún dejar de hacerlo...pensar en saberse y saberse no ha traído ni traerá nunca nada bueno, lo sé ahora.

Saber?..........si la risa fuera aún risa y no un ensayo entre tantos de una mueca entre tantas yo sería otro y ese otro sería otra verdad.....tal vez.

Al cuánto tiempo de estar muerto olvidas que fue así, que alguna vez estuviste vivo como el césped, esperando con los brazos abiertos que la lluvia llegara y te invitara a dejar de pensar, por un segundo, únicamente un segundo, para luego seguir siendo tú como parte del mundo.

viernes, 13 de marzo de 2009

Cuando uno son muchos...dos no pueden ser más que uno.

Hoy no se trata de decir simplemente lo que va llegando, o de llegar diciendo, del allegado mundo a la allegada mente.....hoy no.


Míralo, ahí va, es ese sentimiento de destierro, el que ahora ves recorriendo los mismos pasos que tantas veces te han pertenecido, saltando de segundo a segundo.

Ese pequeño miedo de estar vivo, mientras Plutón se pregunta por qué no le avisan, si el empleo es suyo y la política roza los caminos que ella misma se ha ido trazando en este país de nadie, de telenovelas y chismes, de justificaciones para lo injustificable y puntapiés de plomo o de palabras tostadas y malolientes para todo el que piense que las cosas no van bien, que las razones abundan para creer que las cosas no van bien y no les da la gana de quedarse callados.

.....es así, como si fuera el mismo tintero del título que nunca llegó a ser, pero que lo fue todo, como sin miramientos ni escrúpulos innecesarios lo dijera Gabriel García Márquez, pasados ya más de treinta años: "País de mierda, país hijueputa"..



tres más tres fue el dictamen...


Cinco más uno vale la voz, siente menos uno que no se atrevieron a más, que nunca serán más, porque así no funciona la cosa, y porque a la Atenea no se le acaba con seis, ni con mil, no señor.


El Hades insiste, se vuelve naturaleza y afina su puntería para degradar a quienes vieron en el inevitable desenlace, un camino transitable de pieles y sonidos nacidos en el frío del frío invento.


Ya no se puede ser nadie, sin que otro alguien crea que nadie es igual a nada y que nada es igual a muerte.


Irrenunciablemente.....con la piel crispada.


La voz.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Rendijas de tiempo y espacio.

A veces, cuando no estás, pienso que la
ausencia no cocina más que ansias sobre
lo que ella es.

A veces, cuando no estás, veo como creces,
porque no estar, no ser, es otra forma de ser,
de llegar y formar parte.

A veces, cuando no estás, pienso que ojalá
no fuera así, que pronto estuvieras
para mirarte diciendo (nos) y colmar así
la ausencia; rellenar con bonos de tiempo
y caminos sin fin la ausencia que me
dice que no estás acá; que no tengo
ni Reno ni Coco.

Me gusta extrañarte. A veces, no
siempre; otras simplemente quisiera
que estés acá.

domingo, 1 de febrero de 2009

Mordiendo...

Una figura de abrir y cerrar la mente, como el desespero, como el delirio…un sueño en bocados, mordeduras., un camino de piel entrelazado ante la vida, ante él mismo, que a tientas se hace suyo.

Una ventisca envuelve calurosa y punzante, va al fin del mundo y eleva tus partes, las separa para crearte; desatas en marea, te vuelves huida y tu piel implosiona, y es la misma definición de lo inefable en dos metros por uno cincuenta.

jueves, 18 de diciembre de 2008

De tiempo en tiempo.

De tiempo en tiempo, buscándo-te Inspiración.

lunes, 20 de octubre de 2008

Si me animo.

Caminar ya no es lo mismo, porque ya no somos iguales, porque el camino se cierra y se abre a un ritmo que no nos damos cuenta.

Caminar ya no es lo mismo, porque quedarse callado dejó de ser un agravio, porque los ojos se cierran, mas no enmudecen, mientras somos la espera de una palabra.

Caminar ya no es lo mismo, mientras volar no sea el objetivo.

Volar es el objetivo, pero caminar ya no es lo mismo.

Caminar sin pausas, caminar sin ánimos, sin eso que hace que las personas caminen, de aquí hasta siempre, sin su Duende, sin sus piernas, con todo ello.

Oler, qué me dices del Oler cuando no caminas, cuando no significa tanto.

Qué me dices de los Árboles, de estas Letras, qué serán ahora que son otro camino...un punto simple, un par de pómulos que se ríen, unas palabras que bailan, que son tímidas, que son de colores.

Mando todo al abismo, me quito los zapatos, y con la mente descalza le sonrío a una flor, tantas cosas de mí se liberan como pasos doy, son silencios quienes vienen, son silencios quienes van, creo yo que no se ubican, que no encuentran su lugar.

Su lugar yo lo conozco, su lugar es ahora mismo.

Sentir el no deber de buscar ni buscarse en las palabras, sentir la falta de sonido suplida en una sonrisa con un tanto de vergüenza, de decoro.

¡Arriba el sonido del cuerpo, Arriba el sonido del viento! arriba el todo que es diferente en cada ángulo.

Disfrutar simplemente siendo, estando sin prisas, estando con pausas, volver a empezar, porque caminar nunca será lo mismo y no recuerdas cuándo te fue tan plácido ser "tú" un segundo cualquiera.

miércoles, 23 de julio de 2008

Consuelo dulce.

Para ese entonces habían pasado sobre mi 16 etapas de esas que llaman años, mi fiesta de hace dos semanas así me lo anunciaba y supe que algo estaba cambiando, pues el revuelo reinante de todos se apaciguó y fueron para mí las miradas, todos los ojos sobre mí, como se suele decir, al momento que mi abuelo paterno se acercó y me dio a beber de su copa, la cual acabé de un sorbo y sin ningún reparo - ya saben, la tan publicitada confianza familiar - segundos antes de perder el gusto y por un instante sentir que mi garganta quería actuar en reversa a lo que siempre he creído su normal funcionamiento, mientras me suplicaba por un vaso con agua para calmar el calambre y la desazón.

Después supe que aquello se llamaba Aguardiente y que se usaba para "amenizar las fiestas", expresión ésta que no entendí, puesto que el resto de la velada navegué, entre valses y fotos, sobre unas nauseas que me querían tumbar, y que si no lo lograron, fue únicamente porque la idea de dejarme caer allí, ceder a las demandas de mi cuerpo, se me ofrecía en una perspectiva de ridículo que superaba con creces la incertidumbre que bordeaba en advertencias mi estómago y mis piernas.

La sala de mi casa estaba llena de chicos y ya tenía yo edad suficiente para entender, o bien sea, descifrar, la cosa aquella a la que había llegado mi intención, proyección física de una mente en transición sobre un cuerpo tantas veces doblegado: ahora quería yo parecer una mujer adulta, de esas que salen en la tele todos los días a las 12 y que resuelven sus problemas al calor de las sonrisas y los días de sol., no así con las mujeres de mi familia, que para tal simpleza los años fueron remedio.

Hacían parte del pasado ya los que mi madre llamaba "desbordes de señorita de 15", sin caer en cuenta, o quizás si, de que un año atrás era la misma expresión, sólo que al "quince" le mermaba "uno" y santo remedio, "creó una planilla de advertencia para toda la vida" me decía entonces y no fui muy errada, si es que acaso quiere saberlo.

Dejar los "desbordes de señorita de 15" era para ella un llamado a mi madurez, debiendo aceptar ahora yo que nunca entendí del todo qué significaba eso de madurez., pero no me importaba saberlo, simplemente y en cada ocasión decía que si, para no caer nuestras molduras familiares; trampas que, en este caso, conducían a una de esas discusiones sin final feliz, o si acaso posible, que dicha sería, aparte de los nervios al mirar a algunos a los ojos., el renacer en mi de la EVA, dos mil años después, pero con pecado y castigo intactos., y un gusto casi relevante por la literatura y los relojes antiguos, el único legado que me dejaran mis desbordes de señorita de 15: cómo evitar discusiones que sabía terminaría perdiendo, aunque no sé qué me decía que por algún tiempo, éstas enseñanzas serían suficientes para sobrellevar lo que se venía, conservando, sobra decirlo, las dudas sobre el Aguardiente.

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Cuando lo hice me sentía morir mientras creía lo mataba.

Bajo mi falda negra y camisón azul oscuro se entrecruzaban amargos sudor y miedo, formando una nueva prisión similar a la piel, indisoluble como ésta. Esa falda y ese camisón, que hacían parte de aquel extraño grupo que todos llamaban "ropa de domingo", sin que mi precoz imaginación ni mi volátil fantasía llegaran a entrever el por qué, ya que me fue simple percatarme de que su denominación obedecía a los ritos y no a los días, que podían, visto era también, variar.

Pero nada cambiaba conque yo lo supiera, igual mi influencia allí era más que remota, tanto así que todo daba a entender que tal nombre se lo había dado algún ser lejano, aunque importante, ya que todos lo adoptaban sin el menor amago de duda y sin caer en cuenta siquiera de los peligros que significaban quitarle la libertad a una u otra prenda, o bueno, peligro para nosotros, que éramos personas sin grandes recursos económicos, no humildes, por supuesto, pero pobres, eso si.

Incluso mi madre, mujer de carácter, siempre me decía, al son de una u otra pompa y solemnidad "Ponte la ropa de Domingo", ya fuera para entrar y salir de aquella casa grande en lo que todo parecía estático y nos cobraban por sentarnos, o para que se nos hiciera lo que nunca me permitía ella en otras circunstancias; mancharme la frente., pero esta vez con una especie de tierra negruzca, que a diferencia de los otros tipos de tierra, me daba calor mientras cubría mi frente y se quería petrificar, porque además impedía que me limpiara, so pena de regaño, lo que me ponía nerviosa y me hacía sudar, llegando a desfigurar el bendito lastre, con mi rostro a bordo, siendo afortunada que para tal momento ya estuviere en mi habitación, oculta al mundo, creyendo que al contar los segundos y las horas, éstas pasarías más rápido - sin percatarme acaso de que me eternizaba en la calamidad de cada instante - y terminaría por fin aquel día tormentoso, aquel miércoles cualquiera, entre tantos.


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Era, me dice, Domingo 17 de Marzo, el cielo gris, como panza de burro para esa mañana, de un año que ahora no recuerda., aunque creo más bien no quiere hacerlo, tal vez para no revelarme su edad, que de todos modos no debe pasar de los 45, o más, con un poco de crema, retoque y ejercicio, que no imagino en ella., igual es una mujer atractiva, lo sigue siendo, aunque adivino en su mirada esquiva y en sus manos inquietas, que quizás a veces lo duda cuando la que está al otro lado del espejo la mira, mientras se pone la pijama, y le pregunta cómo estuvo su día.

No se lo menciono, más por cobardía que por no parecer impertinente, aunque en mi pensamiento, para satisfacerme, me convenzo de que es por la segunda; eso que llaman cordialidad, que tantas veces se confunde con el machismo, o la otra con la una, tampoco lo sé.

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La fila avanzaba lenta, como siempre, con ínfulas de tristeza y santidad.

Quienes estaban allí guardaban un silencio inquebrantable; preparando sus almas, siempre creí, o bueno, ahora no así: hoy en día pienso que tenían un poco de miedo, la mayoría de ellos, a hablar como parecía ser requisito mientras estaban en sus puestos, a hablar de presentes y ausentes, partícipes y no partícipes de sus creencias, miedo a hablar como hablaban, que era de la única forma que parecían poder hacerlo cuando no estuvieren allí parados, esperando y sometidos al de tantos escrutinio.

Le temían, supongo, a que el párroco, que ellos no sabían, pero también las decía, aunque sin tanta asiduidad, aunque con igual pasión, los escuchara pronunciando aquellas palabras, de las cuales, para aquel entonces y en su mayoría, no conocía yo su significado y menos aún su alcance a la hora de llevar una conversación de un tono a otro y sobresalir entre los demás, no precisamente por su bondad., pero sobresalir, que esa era la faena.

Antes no sabía de qué referían allí las gentes sobre los otros, ni por qué lo hacían en palabras gachas y en tono suave, ni con unas o tales expresiones, esas que evitaban en los 13 ó 14 minutos que duraba esa pequeña procesión al altar. Antes no lo sabía.


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Tenía 13 años cuando hice la primera comunión, cuando entré a hacer parte del pueblo de Dios, según escuché de don Leonidas, el párroco del pueblo, teorema que me confirmara después mi padre, que dicho sea de paso, murió dos meses más tarde al caerse de su caballo, él, arriero de profesión y montador como ninguno, que no se embriagaba hasta el hastío, no porque tuviera problemas de corazón o alzas en el azúcar, sino porque era pecado.

Ese día, en que ingresé al pueblo de Dios, lugar que debía ser grande, además, porque eran conmigo más de 50 los iniciados, por lo que temí quedarme por fuera del grupo con destino a la piedad, ese día me surgió la duda, la ineluctable duda., aunque quizás sea mejor decir que yo le surgí a ella, porque es claro me absorbió toda, me superó, lo hizo en cantatas de sofoco semana tras semana, creciendo en forma de miedo; la pluma del pecado, suave y suculenta, subiendo por mi espalda cada noche, un solo revoltijo de convulsivas e inflamantes agujas bordeándome pelvis y piernas, acariciándome toda, y yo dejándome llevar después de algunos intentos vagos por sustraerme.


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...La incomprensión......

En mi boca, saliva, únicamente saliva...

...

Saliva mezclada con aquella pasta inodora y traslúcida casi, y toda yo luchando para que no se notara que me deshacía a la vez que su figura...

Saliva., saliva de vida amparando la muerte mientras sospechaba que allí mismo llegaría para mi la carta violeta...

Saliva con augurio,
saliva con capricho,
saliva dulce, saliva amarga,
saliva que no dice nada, no sabe nada pero lo revela todo, todo.

Saliva verde, saliva azul, saliva café,
saliva negra; negro ponzoña, negro engaño, negro miedo.,
saliva sin color.

Hay sitios de tu vida que se dividen en espacios y conjeturas para que los recuerdes siempre y sean ellos tu marca, te ramificas en años, décadas, meses o pequeñas escenas.

Saliva que se mezclaba, centímetro a centímetro y en decidido camino, con aquella lámina dócil que por fin, tras corazonadas y dudas, recreaciones bíblicas de los condenados y persecuciones de ilusión, me había atrevido a mascar.

Yo, por fin había cedido a , buscando no tener más noches en vela.


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No lo entendía, por qué si Él sucumbía entre mis dientes seguía yo con mi existencia y sin escarnio, si había allí una acción y más que una acción una lanza contra la historia, contra todo lo que yo concebía como historia.

...Lo confieso., aunque sin rótulos sagrados ni padrenuestros, que estaba desconcertada..........temblaba, de verdad temblaba.


Por qué mi boca no sangraba, por qué de ella no fluían ríos de tinta roja sabor a dulce, por qué, si por fin me había atrevido a encauzar con mis dientes, mucho más allá de la blasfemia y el reniego, la cúspide de la que nadie dudaba era su guía; masticaba el cuerpo de Cristo tras una confesión.


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El miedo era como una marea que me golpeaba, flujo constante que me llenaba de frío, mucho frío., a lo que el corazón insólito respondía latiendo tan rápido y siendo tan ajeno a mi mandato, que creía todos lo iban a escuchar, pero una duda se reservaba ahora el papel de ancla, mientras me convertía toda en esfuerzos para caminar derecha y aparentar amagos de conciencia por encima del arrebato, sin titubeos nacidos del desacato o la duda, hasta lograr sentarme en la primera silla que hallare a mi paso, viendo a mi madre que me reprendía con su mirada, inquisidora, diciéndome así que debía volver a su lado, como siempre lo hiciere.

Pero no era yo, o por lo menos no habían ya motivos, no había miedo, ni sonidos, casi que no había vida más allá de esto, de la duda, de mi duda, de .

Persignándome para salir y sin detenerme sobre los pasos de mi madre o los amigos de domingo lo esperaba, ya con ansias, ya con morbo, ya con mi cuerpo avivado.....pero por qué, por qué si el cuerpo de Cristo había crujido entre mis dientes, explíquemelo usted si es que puede, que yo no lo entiendo y quién sabrá además por qué nos decimos lo que nos decimos y nos dicen lo que nos dicen..........

¡¡Por qué!!...por qué mi boca no sangraba? ..... por qué si ya era para mi como un consuelo dulce para tantas interpelaciones...


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No tuve remedio...ya no creía, ya no temía., ya no era católica, ni apostólica, ni romana, ni ninguna de esas cosas, simplemente era yo mirándome a un espejo de agua y con un remordimiento menos.


-me mira y se sonríe, y me dice con los ojos que ahora soy yo cómplice de ese, su 17 de Marzo.-


Así pasó, me dice ella.

sábado, 12 de julio de 2008

...y un día por fin, en este pueblo se abolió el empleo.

- Ahí me dijo una señora que fue a la casa que era que yo tenía muy buena suerte porque tenía muy linda la mata de Ruda y además,no te conté que me tocó tirar la pencasábila a la cañada, porque ahí me dijeron que fue que le echaron sal, y desde eso es que vengo en caída, y también la señora Mercedes, cuando fue a la casa y vio la mata que me regaló la dueña de la casa, me dijo que sí, que ese Bambú Chino era bendito para la buena suerte.

- Pero es que vos sí crees que eso sirva para algo.

- Si mija, eso es bendito. Que con un poquito de agua y tierra e capote
eso le arregla a uno por fin la vida.

-A, pues ojalá y se le de.

-Avemaría mija, si es que eso era lo que yo necesitaba, para ver si
por fin se me cura esta artritis, que ya no me deja es caminar,
con lo que necesito un trabajito, doña Amparo.

-Pero sí es que no la deja ya?

-ji, qué ¡¡me duele!!, si viera, eso cuando me quedo parada
mucho tiempo, ya no puedo del dolor.

-Pero si Albita, pues ojalá y se le de el milagro.

...

-Albita y vos porquésque no te quedas quieta en tu casa,
mirate que esas camas sin tender Albita, yo no sé; o podes hacerte
una sop(ita), quesas papas ya setestán pudriendo.

-Nononononono. Yo a eso no le pongo cuidado, es que definitivamente
mijita, si los hijos diuno no pueden ni hacer un plato e sopa,
yo a estas alturas no me voy a matar por nadie y, además,
uno pa' qué les pone tanto cuidado, si después se van con la primera
vagabunda culicontenta que les hace ojitos y se los lleva a
revolcasen a cualesquier manga.......

-Albita pero mira.

- ......nooo mijita, yo no vo(a) lidiar con nadie pa' que después lo dejen a uno
por la primera sinvergüenza que se les pase por frente.....
........nonono, yo sí sé cómo son los hombres y esos,
antes que mis hijos, son es hombres.

-Pero shhh, callen la boca, que va a empezar la novela.
Miralos cómo se ven de lindos, eso sí es vida,
tan malos pero como viven de bueno, ahhh,
es que eso siesquiay gente que diosito la trata mejor.

-Pero mija, por eso no se preocupe, que él aprieta
pero no ahorca.

-Oíste Albita, pero por ahí en el restaurante comunitario
como que si vos vas y ayudas a hacer la comida y a barrer
y trapear un poquito, te dan el almuercito y hasta algunas
cositas pa' que lleves, mirate que eso es lo que hace doña carola.

-¡Nuuuu! mijita, yo sirvienta e nadie, mejor me quedó aquí
que mi diosito sabe cómo hace sus cosas; además, si yo me
espero unos añitos, ahí sí como que me meten en la
tercera edad...igual, pa' esa chichigua que le deben
dar a uno, pero bueno, eso sirve de almuercito.

-Pues claro que sí Albita.

-Pero es que ah, igual mija eso queda muy arriba;
yo no sé cómo esquiacen pa' caminar todo eso por un
plato e comida, si yo igual por aquí por la casa, con las
amigas y la familia ahí me voy sorteando.

-Avemaría yo no sé.

-Deja que ya nos vamos Albita.

-Ahh, ya tengo es dolor de cintura.

-Pero entonces póngale fe Albita, pa' ver si la cosa
se nos soluciona, no crea que no.

-Si mijita, ahora voy a echarle agüita a la mata
y a rezar unos padrenuestros, quesque ayer hice el
chance y el viernes me toca pagar el arriendo.

-Pues ojalá y se le de.

-Yo sé que sí mijita, pongale la fe y dele las gracias a dios.


(me fui sin escuchar más)

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P.D: no se ganó el chance, pero se está pendiente para el próximo viernes.

miércoles, 9 de julio de 2008

Alguien dijo una vez que era parcial y ese alguien aún vive......

Sobre el cadaver de noventa cuerpos cortados
avanzan diez que conservan vida., cinco de ellos
están presos, dos tienen hambre, uno está
satisfecho y el otro gobierna.


Art 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales ante la ley.



Avance su democracia, avance en potestad,
que ya por fin somos iguales ante la ley
y libres por decreto.


Bueno., creo que dejo esto y mejor empiezo la
lectura de cualquier librito imparcial,
(dicen así te vuelves buen ciudadano)
que la realidad, las calles y las ventanas,
la piel y el cielo hace tiempo que
dejaron de serlo.


Aún vives, aún sueñas,
la libertad es tu camino,
no hay una sola de tus líenas
que no esté impregnada de ella.


Tu salud mejoró y muchos tributos tuviste,
desde el silencio este es el mío,
Mario Benedetti.